Macedonia Narrativa

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Relato sobre un lugar: carta desde el Cementerio de la Catedral en Lomza, Polonia

Tiempo de lectura estimado: 3 minutos

Hoy recupero un relato que ya escribí hace tiempo, ya que estoy dando no pocas vueltas a los textos que tengo entre manos… Las palabras tienen el don de transportarnos a sitios y épocas extraños para nosotros y nuestro día a día. Jugando con este don, Raúl Vacas nos propuso en el taller escribir un relato en forma de carta sobre un lugar, pero siguiendo unas precisas instrucciones. Había que escoger un lugar al azar utilizando la página Viewat.org, web donde podemos encontrar imágenes de toda clase con una característica especial: están hechas en 360ºC, es decir, tenemos una panorámica que nos envuelve y por la que podemos movernos, dándonos muchos más detalles del sitio que una simple foto tradicional.

La tarea era entonces elegir un criterio de búsqueda en el menú de esta web seleccionando el tipo de panorámica (espacios arqueológicos, actos culturales, naturaleza, palacios y castillos…) y el país donde se ubica. En mi caso, escogí la opción de lugares singulares y dejé en manos del azar el destino optando por cualquier país. Del resultado de esta elección nació la panorámica donde he emplazado mi relato con el fin de tratar de describirlo lo más fielmente posible y que el lector pueda tener una imagen aproximada del lugar sin mirar la foto.

Os animo a aceptar el reto y leer el relato antes de ir directamente al final del post para hallar la imagen en cuestión. Me encantaría conocer si realmente os lo habíais imaginado así, con lo que comentad sin miedo. ¡Gracias de antemano!

Aquí va:

Desde el Cementerio de la Catedral en Lomza, Polonia

Querido Mateusz,

No he sabido frenar el impulso que me ha llevado a escribirte. Lo hago bien entrada la noche y saboreando aún el salado rastro que han dejado las lágrimas en mi boca.

Acabo de llegar del Cementerio de la Catedral en Lomza. Esta comezón que me ahoga por dentro me ha guiado hasta este lugar, en busca de consuelo junto al abuelo Andrzej quién, ya sabes, allí descansa. He tomado la decisión tan repentinamente que me he dejado caer a última hora, apresurada y con el pelo enmarañado.

No te imaginas mi sorpresa cuando me encontré el cementerio iluminado por miles de pequeños faroles. Refulgía en la oscuridad como un ente sobrenatural arropado, a su vez, por el brillo de la ciudad en el horizonte. Dentro, la luz brotaba de la tierra y se perdía en el cielo nocturno moteado por miles de puntos plateados. Mi prisa se relajó al entrar. Arrastré los pies por largos pasillos regados de tierra y hojas secas mientras las tumbas se extendían a izquierda y derecha. Las velas acompañaban mi paseo con su frágil titileo.

Estuve un rato buscando a mi abuelo. La vorágine de sentimientos que tenía dentro me hacía creer que tras aquel encuentro, tras el visto bueno del viejo Andrzej, reuniría el valor de dejarte en el pasado. Nunca fuiste santo de la devoción de mi abuelo, ¿sabes? Yo sigo preguntándome cuándo dejaré de recordarte como lo que pudo ser y no fue.

El silencio en mi soledad era tal que, según avanzaba, parecía escuchar en voz alta mis pensamientos más profundos. No te haces una idea. Pero era una paz engañosa: al caer la noche, el viento revolvió los árboles y de la tierra surgió una humedad terrible, penetrante. Te imaginé a mi lado, echándome la bronca como antes. Y habrías tenido razón; lo cierto es que me llevé una chaqueta demasiado fina.

Di unas cuantas vueltas hasta encontrar al abuelo Andrzej. La presencia de miles de faroles aquí y allí me confundían: parecía que, mirase donde mirase, me topaba con las mismas cruces, los mismos nombres, las mismas flores. De estar conmigo, hubieses dudado también. Las hojas que rodeaban la tumba protestaron según me acerqué. Por la presencia de las velas y el vivo aroma de las flores, deduje que mis primos habían estado de visita no hacía mucho. A decir verdad, hace meses que no les veo.

Me senté en la pequeña banqueta de madera situada a los pies de mi abuelo. Y me eché a llorar. En silencio, de la misma manera que vuelvo a hacerlo ahora. Mateusz, desde nuestro último adiós he dejado de sentir los días pasar. Se ha desdibujado tanto la línea del tiempo… Ni siquiera evocar a mi abuelo y sus “este chico no te hace bien” o “búscate uno que te quiera de verdad” me ayudan ya. Bien intuía el viejo Andrzej el final de esta historia. ¿Qué veía él que nunca vi yo?

Me cuesta creerlo. Me niego a creerlo. No quiero cerrar esta etapa de mi vida. Todavía no. Te extraño, Mateusz.

Si aún te acuerdas de mi nombre, en la distancia o en la cercanía, te lo pido por favor: házmelo saber.

Tuya,

Agnieszka

Y aquí tenéis el Cementerio de la Catedral en Lomza (podéis visitar la panorámica haciendo clic en la imagen):

Cementerio de la Catedral en Lomza, Polonia

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4 Comentarios

  1. Ricky Morales

    23/01/2017 at 16:54

    Me lo he imaginado más o menos de esa forma; esa luz brotando de la tierra como una procesión de luciérnagas en la noche de todos los Santos. Esta breve historia tan bien ejecutada me la imagino igual de bien en un cementerio como en el porche de una casa con una mecedora moviéndose solitaria.

    • Beatriz González

      23/01/2017 at 17:32

      Hola Ricky, era esa un poco la sensación que quería crear, como una mezcla entre pérdida y nostalgia… la panorámica en cierto modo también evoca eso a mi juicio. ¡Muchas gracias por comentar! 😀

  2. Pues me lo he imaginado muy parecida a la imagen, aunque con menos velas :). Me ha encantado en ejercicio. Enhorabuena!

    • Beatriz González

      22/01/2017 at 21:48

      ¡Hola Laura! Qué gusto tenerte por aquí 😀 Me ha faltado entonces exagerar con la luz jajaja La gente está coincidiendo contigo, aunque es verdad que es difícil imaginarse un cementerio de noche tan iluminado. ¡Gracias por comentar, maja! ^^

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