Macedonia Narrativa

Blog literario y de escritura creativa

Viaje a la Alcarria 2017 | Día 2 (parte I): Viana de Mondéjar, La Puerta y Pastrana

Tiempo de lectura estimado: 10 minutos

El sábado ya nos habíamos contagiado de la emoción de vivir nuestra propia aventura literaria siguiendo los pasos de Cela en la primera jornada de la ruta Viaje a la Alcarria. Quizás por ello no nos importó tanto madrugar. Los pájaros cantaban con un piar atronador y la temperatura aún permitía respirar sin jadear. Teresa se afanaba en ultimar el desayuno de campeonato que nos esperaba en la mesa junto a la piscina. Sin duda, era una forma más de emular a las copiosas comidas de Cela.

Degustamos café recién hecho, pero también miel de la Alcarria, además de las variedades mezcladas con canela y jengibre, y distintas mermeladas caseras. Los perros de Teresa ya mostraban una actividad imparable desde temprano y corrían en torno a la mesa demandando atención. No obstante, no tuvimos mucho más tiempo para entretenernos: la ruta en Viana de Mondéjar nos esperaba.

Ruta desde Viana de Mondéjar hasta La Puerta

Un gran gesto de la organización de nuestro Viaje fue permitir que pudiésemos participar en todas las actividades propuestas para la segunda jornada. En un principio, era necesario elegir entre ver el Palacio Ducal de Pastrana, una visita guiada al pueblo de Brihuega o realizar un tramo del camino que realizó Cela en su viaje. Ante la indecisión de algunos de los participantes, Mario de la Diputación y Arte en Marcha decidieron planificarlo de tal manera que pudiésemos realizar la experiencia completa. Y, por supuesto, no dejamos pasar la oportunidad brindada.

“El viajero quiere aprovechar la fresca, y el que la mula lleva su morral, y camina seguido, sin pararse o parándose muy poco, solo unos instantes, de tarde en tarde, para mirar el paisaje”.

Camilo José Cela en Viaje a la Alcarria

Las Tetas de Viana desde Viana de Mondéjar

Las Tetas de Viana desde Viana de Mondéjar

Viana de Mondéjar es un pueblito situado al otro lado del embalse de Entrepeñas tomando como punto de partida Durón. Perteneciente a Trillo, se encuentra en un alto, desde donde nace la ruta que recorreríamos hasta La Puerta. Me imagino que se trata de una población tranquila y silenciosa el resto de días a las 9 de la mañana. Ese sábado, la conversación fluía animada entre nosotros, que ya nos íbamos sintiendo parte de una familia. Los viajeros no dudamos en estrenar la camichila, prenda icónica del Viaje a la Alcarria que representa la mochila que porta agua y el libro de Cela. Desde la explanada donde aguardábamos a los rezagados, nos maravillamos ante la vista privilegiada de las Tetas de Viana rodeadas de un cielo despejado.

Ruta en Viana de Mondéjar

Antes de salir en ruta en Viana de Mondéjar. Foto de la Diputación.

Es el punto de partida establecido por Sara y Mario, quienes serán los guías del trayecto de casi 4 kilómetros. Nos lanzamos al camino disfrutando de un paisaje que mezcla los verdes y amarillos. Se agradece que el camino sea llano y esté limpio de piedras. Antes de dejar el pueblo atrás, nos sentimos observados desde arriba. Levanté la mirada y distinguí la silueta de un paisano con los brazos en jarra, que se recortaba oscura frente al luminoso fondo. Saludamos entusiastas al curioso vianés que sin duda se asomó para comprobar cuál era el origen de tanta algarabía. Nos respondió con un amplio movimiento de brazo desde la distancia, gesto que celebramos aplaudiendo.

Haciendo la ruta Viana de Mondéjar - La Puerta

Caminando desde Viana de Mondéjar hasta La Puerta. Foto de la Diputación.

Sara no se separa del libro de Camilo José Cela, un ejemplar repleto de marcadores fosforitos y frases subrayadas. Lo rescata cada vez que hacemos un hito en el camino para recordar las palabras de Cela en aquel mismo lugar:

“A mitad de la ladera, bajando, está la fuente del Pilón. Al viajero le hubiera gustado refrescarse un poco. El calor aprieta ya y Quico y el viajero van sudando gordos goterones por la cabeza.

– ¿Nos lavamos un poco?

– Espere usted, ahí abajo está la fuente de San Juan, que es mejor.

Poco después aparece, escondida entre unos árboles, en un recodo del sendero, la fuente de san Juan. El viajero se refresca, desnudo de medio cuerpo y después se pone al sol a secar. Quico se ha mojado los brazos y la frente.”

En nuestro Viaje a la Alcarria en 2017 repetimos la escena con una gran exactitud mojándonos y rellenando nuestras botellas de agua. Sin duda, en aquel hito del camino era lo que tocaba. Nuestro destino no estaba tan lejos, pero la temperatura ascendente parecía alejarlo de nosotros cada vez más. Atisbamos el pueblo un rato después. Para acceder a él, hay que cruzar el puente o bien atravesar el río que pasa por debajo presumiendo de agua fría y cristalina. Los viajeros celebramos la llegada con aplausos mientras nos mojábamos los pies en el río Solana.

Y llegados a este punto tengo que citar las vivencias de Cela al llegar a La Puerta:

“El viajero entra en el pueblo y busca la posada. En la posada no hay nada que comer. Pregunta en algunas casas del pueblo y en todas le responden lo mismo. El viajero, que ya venía algo cansado, se acaba de rendir subiendo y bajando por el pueblo.”

Al igual que en Budia, la sorpresa acudió a nuestro encuentro. En casa Pilar nos recibieron con la mesa preparada para redesayunar. Quienes esperaran un café a secas se toparon con tomate de la tierra con aceite de oliva, tortillas de patata con un intenso color amarillo anaranjado y la joya de la corona que sería recordada durante toda la jornada: platos repletos de chorizo y lomo cocido. Por supuesto, todo era regado por vino de la casa y agua fresca a raudales. Los aplausos y vítores se sucedían cada vez que acercaban un nuevo plato a la mesa…

Pastrana: el Palacio Ducal y la Princesa de Éboli

Con el intenso sabor del chorizo todavía en la boca volamos en coche hasta Pastrana, donde nos esperan en el Palacio Ducal para iniciar la visita guiada. Las carreteras de la Alcarria no son autovías, pero están en bastante buen estado y esto ayuda a soportar mejor las numerosas curvas del camino hasta Pastrana.

Balcón de la princesa de Éboli en la Plaza de la Hora

Balcón de la princesa de Éboli en la Plaza de la Hora

La plaza de la Hora, centro neurálgico del pueblo, está a un par de docenas de escaleras del nivel superior donde aparcamos los coches al llegar. Nos refugiamos en el interior del Palacio de la princesa de Éboli huyendo del calor abrasador del exterior. La descripción del palacio ducal en Viaje a la Alcarria es la siguiente:

“En la plaza de la Hora está el palacio de los duques, donde estuvo encerrada y dónde murió la princesa de Éboli. El palacio da pena verlo. La fachada aún se conserva, más o menos, pero por dentro está hecho una ruina. En la habitación donde murió la Éboli – una celda con una artística reja, situada en la planta principal, en el ala derecha del edificio – sentó sus reales el Servicio Nacional del Trigo; en el suelo se ven montones de cereal y una báscula para pesar los sacos. La habitación tiene un friso de azulejos bellísimos, de históricos azulejos que vieron morir a la princesa, pero ya faltan muchos y cada día que pase faltarán más; los arrieros y los campesinos, en las largas esperas para presentar las declaraciones juradas, se entretienen en despegarlos con la navaja. En la habitación de al lado, se ven aún los restos de un noble artesonado que amenaza con venirse abajo de un día para otro.

En el patio cargan un carro de mula; unas gallinas pican la tierra y otras escarban en un montón de estiércol; dos niños juegan con unos palitos, y un perro está tumbado, con gesto aburrido, al sol”.

En 2017, el Palacio Ducal está reconstruido al completo y los artesonados y frisos de azulejos se han restaurado. El aspecto de la fachada contrasta con el interior, ya que el patio está forrado de cristal instalado en una moderna estructura de columnas metálicas. Estas sustituyen a las proyectadas en mármol por el arquitecto Alonso de Covarrubias en el siglo XVI.

Un escenario preside el centro, donde se celebran actuaciones de baile y teatro. La visita guiada se me antojó algo incompleta y la histórica figura de la Princesa de Éboli quedó desdibujada en la explicación. ¡Qué lástima que la guía no aprovechara el potencial del personaje! Sin embargo, no hay mal que por bien no venga y ahora descansa sobre mi mesilla una novela histórica con la Princesa de Éboli por protagonista, pues la visita despertó mi curiosidad (¡habrá reseña cuando lo termine!).

La Colegiata de Pastrana y los famosos tapices de Alfonso V

Otro guía nos esperaba en la Colegiata de Nuestra Señora de la Asunción. Eduardo es todo un erudito de la historia de esta iglesia y de las piezas de su museo anexo. Con un tono exacto y apasionado nos descubrió las maravillas que Cela no pudo ver en su día: los excepcionales tapices de Alfonso V de Portugal (se encontraban en Madrid durante la visita del escritor).

Detalle de uno de los tapices de Pastrana

Detalle de uno de los tapices de Pastrana. Foto del Museo Parroquial de Tapices de Pastrana

Los tapices impresionan por su enorme tamaño, sus colores brillantes, los escrupulosos detalles de las figuras que representan y la carga de significado de la disposición. El guía nos describía la historia que cuentan los tapices – las conquistas de Arcila y Tánger por Alfonso V de Portugal en 1471 – mientras señalaba los puntos clave en cada lienzo tejido. “Aunque ahora no lo sepáis, a partir de este momento, cada vez que veáis tapices en cualquier otro lugar vais a compararlos con estos”, prometió Eduardo.

Sala de la cajonera en el Museo de Tapices de Pastrana

Sala de la cajonera en el Museo de Tapices de Pastrana. Foto del Museo.

El peso del cansancio de la intensa jornada se iba notando en nosotros. El Museo tenía distintas salas que albergan los citados tapices pero también otros muchos objetos litúrgicos, lienzos y figuras religiosas. En una de las salas había un enorme mueble de madera oscura con poco más de un metro de alto; ocupaba un lateral de la sala alargada. Algunos viajeros se apoyaron en él para relajar los músculos, tensos tras la actividad imparable de la mañana. “Este mueble es una cajonera que guarda casullas y otros objetos, no es una barra del bar”, remató ante el atrevimiento de los viajeros.

En medio de la despedida, salió a saludarnos el párroco de Pastrana, encantado de recibir a los participantes en el Viaje a la Alcarria. Como gesto especial, nos invitó a escuchar el sonido del órgano, que el mismo toca. Los viajeros nos sentamos como espectadores de aquel concierto improvisado, siendo conscientes de que el instrumento cuenta con más de trescientos años. La despedida del guía y del sacerdote fue emotiva, nos alegró mucho ser recibidos de forma tan cercana y dedicada. (Os animo a seguir la página en Facebook del Museo, donde cuelgan interesantes detalles sobre las piezas y sobre la historia de Pastrana: ¡muy interesante!).

Órgano de la Colegiata de Pastrana

Órgano de la Colegiata de Pastrana

Los viajeros escuchamos el órgano en la Colegiata de Pastrana

Los viajeros escuchamos el órgano en la Colegiata de Pastrana. Foto de la Diputación.

Descanso de medio tiempo al cobijo del sol

La gente me pareció buena; hablan un castellano magnífico y con buen acento y, aunque no sabían mucho a lo que iba, me trataron bien y me dieron de comer, a veces con escasez, pero siempre con cariño. Hasta hubo un pueblo donde me hicieron huésped de honor del ayuntamiento y me pagaron la fonda

Camilo José Cela en el prólogo del libro

En nuestro Viaje a la Alcarria, nos encontramos con gente majísima, orgullosa de vivir y disfrutar de una región de España ciertamente desconocida. Nos dimos cuenta de que la obra de Cela funciona como aglutinador de un sentimiento común de pertenecer a una tierra rica en paisaje, historia y paisanaje.

Es gente de carácter afable y generoso, que se vuelca con el visitante. En nuestro caso, la escasez gastronómica brilló por su ausencia. Aunque en el plan inicial ciertas comidas no estaban incluidas, los organizadores se ocuparon casi con sentimiento de abuela de proporcionarnos comida para incluso repetir. Y, después de los chorizos y tortillas de La Puerta nos dieron unos bocadillos de tortilla y jamón para que comiésemos en Pastrana.

El grueso de viajeros se dividió en aquel momento en grupos más pequeños y afines. Nuestra siguiente parada se situaba en Brihuega, pero teníamos toda la tarde libre incluido el rato de mediodía. Lidia y Javi, compañeros de Ciudad Real, se unieron a nuestro cuarteto salmantino. Decidimos por unanimidad refugiarnos en algún sitio a cubierto: caía fuego en la calle.

En la Alcarria el tiempo se estira, tanto, que parece que estás viviendo varios días en uno. Algo así nos pasaba en ese momento: el cansancio se acumulaba, al igual que el procesado de toda la información que acabábamos de recibir.

Teníamos ganas de respirar un poco y de beber algo para refrescarnos y coger fuerzas para la tarde. Siguiendo a la charanga que amenizaba las fiestas del corpus dimos con el bar Centro Social de Pastrana. Degustamos unas buenas y frescas cervezas en el interior. Iniciamos una charla animada, tejida de chascarrillos e intercambio de opiniones.

Javi y Lidia son una pareja muy agradable, les encantan las bromas y tienen una conversación muy amena. Dimos un repaso a nuestra experiencia en la Alcarria hasta aquel momento con cierta nostalgia. Las horas iban pasando y parecía que estábamos inmersos en una especie de una cuenta atrás. Albergábamos la impresión de estar viviendo algo especial, quizás esa era la sensación de fundir “literatura y vida” en un solo viaje.

Portábamos con nosotros los bocadillos pero, a decir verdad, preferíamos evitar salir a la calle con aquellas temperaturas. Preguntamos a los regentes del bar Centro Social y nos permitieron comer los bocatas dentro, un gesto que celebramos con una nueva ronda de bebidas frescas. Aquel rato fue nuestra tabla de salvación, ya que conseguimos dar esquinazo al terrible bochorno. Desde aquí aprovecho para dar las gracias una vez más a la gente tan hospitalaria que encontramos a cada paso en la Alcarria.

Sin embargo, el bar se cerraba a las cuatro de la tarde y nos quedamos sin refugio. Bajo el balcón de la Princesa de Éboli tomamos la decisión de ir hasta Cívica. El lugar nos lo había mencionado Teresa en la casa rural y estaba cerca de Brihuega, nuestra siguiente visita. El plan era avanzar en el camino y así ahorrarnos las peores horas de calor… En la pedanía de Cívica nos aguardaba el capítulo más desternillante del viaje, lugar al que he bautizado como nuestra propia Budia. ¿Intrigados por saber qué ocurrió allí? Tendréis que esperar el próximo capítulo de este Viaje a la Alcarria desde Salamanca 😉 .

Artículos relacionados:

¿Quieres compartirlo?Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on LinkedIn

2 Comentarios

  1. Estas crónicas del Viaje son muy buenas; me gustan mucho. Espero impaciente la tercera parte para saber qué pasó en Cívica (aunque ya tengo alguna idea :p).

    • Beatriz González

      12/07/2017 at 16:56

      ¡Hola Raúl! Gracias por comentar, me alegro de que te gusten la serie de artículos dedicados a la Alcarria. El próximo será un capítulo especial en esta historia jejeje ¡Ya queda menos para saber qué pasó! Pero no haré spoilers, no… 😛 ¡Tendréis que esperar un poco! Estad atentos 😉

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

*