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Con los recuerdos amontonados, aún frescos en la memoria, la viajera se dispone a repasar, uno a uno, los momentos vividos durante su particular Viaje a la Alcarria en 2017. Cierra los ojos y busca la concentración. Pero pronto entiende que así no rescatará nada. Por eso opta por llamar a su Centro de Salud y pedir cita. Lo que en realidad necesita es un electrocardiograma, porque se ha dado cuenta de que donde están el paisaje de la Alcarria y toda su gente es en el corazón.


Inicio del Viaje a la Alcarria desde Salamanca

“El viajero – que se cansa de golpe, igual que un pájaro herido – piensa, al final, que ya solo falta empezar, que quizá esté dándole demasiadas vueltas en la cabeza a un viaje que se quiere hacer un poco a rumbo, un poco como el fuego en una era: a la buena de Dios y a la que salga”.

Camilo José Cela en “Viaje a la Alcarria”

Este particular Viaje a la Alcarria comienza en tierras castellanas, concretamente en Salamanca. El día antes de la partida preparé la maleta, ultimé los detalles logísticos y hasta tuve la osadía de incluir una chaqueta en el equipaje. “Por si refresca por la noche”, me dije y ahora, al recordarlo, no puedo hacer otra cosa que sonreír: ¡qué ilusa! El viernes amaneció sin darnos un respiro, que para algo estábamos en plena ola de calor.

Al llegar a Guadalajara sentí cierto nerviosismo, incertidumbre y expectación. Aun portando en la mano la hoja de ruta preparada para nosotros, el fin de semana se presentaba desconocido e intrigante.  Los ganadores del concurso nos encontrábamos ante un viaje que decía unir “literatura y vida” y, por eso, los organizadores habían buscado participantes en todas las bibliotecas públicas españolas.

La recepción en Guadalajara fue calurosa, bien se podía apreciar en el termómetro y en la bienvenida que nos dio su gente. Sin embargo, decía Camilo José Cela en su obra que:

“La Alcarria es un hermoso país al que a la gente no le da la gana ir”

Resulta que a estos viajeros sí les había dado la gana ir y ello merecía el aplauso de las autoridades provinciales en el edificio de la Diputación. En medio de tantos honores en aquel salón recubierto de madera, con la Constitución Española y el Rey Felipe de testigos, los viajeros nos mirábamos unos a otros queriendo relacionar provincias de origen con unas caras aún desconocidas.

Ganadores del concurso Viaje a la Alcarria en la Diputación

Recibimiento a los ganadores de Viaje a la Alcarria en la Diputación de Guadalajara (foto de la diputación)

Comida y visita a Budia

Nuestra primera etapa viajera se situó en Budia. Qué curioso: el punto de partida era el pueblo que peor recibió al escritor en su periplo, tal y como admite Cela en el prólogo:

“De este pueblo no hablo en el libro porque pocas cosas agradables podría decir de él. […] Me encerraron por orden del alcalde, que era un albino borracho y medio tartamudo, y me tuvieron un día con su noche metido en un sótano maloliente y alimentado con una sopas de ajo y un par de venencias de esperriaca”.

Tras un sinuoso trayecto en autobús por carreteras comarcales atravesando montes y alcarrias, llegamos a un pueblito de calles intrincadas, suelos de piedra y casas bajas. La expectación era máxima al llegar a Budia: era la primera parada en la Alcarria de Cela. Próximos al aterrizaje, empezamos a recoger sus pertenencias. El conductor parecía encantado de ser partícipe en la excursión y quiso ahorrarnos unos minutos de calor abrasador acercando el autobús al centro del pueblo. Avanzó marcha atrás con tan mala suerte que la luna trasera rozó en exceso con un balcón. Y reventó. El sonido nos asustó y dimos la voz de alarma. El chófer frenó en seco y recolocó el autobús algo más alejado del balcón. Nos bajamos y curioseamos alrededor del vehículo: el cristal permanecía en su sitio pero fragmentado en cientos de cachitos. Fue la primera anécdota de nuestro viaje.

Placa sobre Viaje a la Alcarria en la Plaza de Budia

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Pronto llegamos a la plaza de Budia, presidida por la misma fuente de piedra que recibió a Cela. Allí estaban los alcaldes de Cifuentes, Trillo, Durón y Torija, que se unían a nuestra comida de bienvenida. Tanto ellos como Sara y Nati, – las integrantes de Arte en Marcha que serían nuestra sombra durante todo el viaje – nos anunciaron que una gran sorpresa nos aguardaba en el restaurante.

 

Plaza de Budia

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En el restaurante nos esperaba Camilo José Cela Conde, hijo del nobel, quien había querido formar parte de la celebración del periplo literario. Entre aplausos y agradecimientos, nos sentamos a comer en la terraza del restaurante. Mientras los platos de comida alcarreña se sucedían ante nosotros, entablé amistad con Sara y Nati y me dejé contagiar por su entusiasmo, algo que no era muy difícil.

Nos cuentan la historia de Arte en Marcha. No se trata de una asociación como parece a primera vista; son cuatro amigas de la infancia con muchas ganas de unir arte-literatura-vida. Sin su empuje y su pasión por la Alcarria, seguramente no estaría escribiendo esto.

“El viajero tiene su filosofía de andar, piensa que siempre, todo lo que surge, es lo mejor que puede acontecer”.

Esta cita de Camilo José Cela es uno de los lemas de Arte en Marcha.

Nati es entrañable, tiene una forma de hablar pausada y reparte con generosidad consejos y recomendaciones para los visitantes. Sara tiene una sonrisa enorme y no se separa del palo selfie que utiliza para inmortalizar cada paso que damos con ellas. ¡Y además es escobulera! Me hizo muchísima ilusión poder comentar mi reciente experiencia con la Escóbula de la Brujula en directo. Hablamos incluso del frecuente protagonismo que tiene Guadalajara en la Escóbula, ya que Maese Cuesta suele perderse por sus rincones y luego contárnoslo a todos los escobuleros.

Pero volvamos al viaje: ¡ay, qué comida tan rica! Porque además de hablar y hablar, dimos buena cuenta de las especialidades alcarreñas. Los espárragos trigueros regados de aceite recordaban a la esencia del huerto, el salmorejo y la sandía de postre ayudaban a soportar el calor y, por supuesto, el cordero lechal nos trasladaba a las celebraciones navideñas.

El castillo de Torija y el Museo de Viaje a la Alcarria

Castillo de Torija donde está situado el Museo de Viaje a la Alcarria

Castillo de Torija y Museo del libro Viaje a la Alcarria. Haz clic para ampliar

En vez de siesta con pijama y orinal como acostumbraba Cela, emprendimos la marcha hacia el castillo de Torija donde se encuentra el museo del libro Viaje a la Alcarria. Es un lugar interesante, especialmente si se ha leído el libro. Camilo José Cela hizo su periplo acompañado en algunos tramos por dos fotógrafos y muchas de estas imágenes están expuestas en el museo junto con objetos de la época, incluyendo algunos originales que se citan en la obra.

 

Templario del Castillo de Torija

El Templario del Castillo de Torija. Haz clic para ampliar.

Tras una exhaustiva visita, también conocemos al simpático templario que medita, escondido, en un recoveco del castillo. Envuelto en una atmósfera intrigante, está sentado en la piedra con la mirada perdida y la espada entre las manos. En aquel lugar aguarda a los visitantes que, incautos, se amontonan y terminan por salir corriendo con algún latido que otro de más. Por suerte para los más temerosos, permanece inmóvil y resignado a ver el tiempo pasar en su cubículo.

 

Torija es así la última parada del viernes en grupo. El autobús – con la ventana ya arreglada desde Budia – nos lleva de vuelta a Guadalajara, donde cada cuarteto emprenderemos el camino hacia el alojamiento, situado en cada pueblo alcarreño participante.

Foto de grupo de los ganadores de Viaje a la Alcarria en Torija

Foto de grupo de Viaje a la Alcarria en el Castillo de Torija. Foto de la Diputación.

Durón y la Finca de Gaia

La fortuna destinó a los salmantinos a dormir en Durón. En palabras de Camilo José Cela:

“Durón es un pueblo donde la gente es abierta y simpática y trata bien al que va de camino; al viajero se le muestra curiosa e incluso amable. Es gracioso observar lo distintos que son, a tan escasa distancia, los budieros de los durones; en Durón la gente habla y ríe y se muestra propicia”.

Con tales precedentes literarios, las expectativas son acordes y no se espera menos. Ya Laura en su email explicativo comparó la Finca de Gaia con un paraíso en la tierra.

A pesar de una entrada intrincada, es fácil dar con la casa de Teresa. Está situada en medio de la naturaleza, a un paso del embalse de Entrepeñas. Los primeros en recibirnos son Chiqui, Angie y Osa y sus sonoros ladridos. Teresa intenta calmar a sus entusiastas perros mientras abre la puerta metálica de la finca. Nos siguen Mari Ángeles y César en su coche, nuestros compañeros de viaje salmantinos.

Teresa es muy abierta y está encantada de ser partícipe de nuestro Viaje a la Alcarria. Nos enseña las habitaciones donde nos alojaremos. “No tienen grandes lujos; son de estilo rústico”, dice mientras nos entrega la llave. Un lujo es respirar aquel aire lleno de lavanda, vislumbrar los montes verdes en el horizonte, refrescarnos en la piscina cuidada con mimo y jugar con los perros y gatos de Teresa, que corren libres en la finca. Así que discrepamos: ¡eso sí que son lujos!

Piscina de la Finca de Gaia

El baño alivia nuestro sofoco mientras se pone el sol y hacemos planes. Mari Ángeles trabaja en la Biblioteca de Las Conchas en Salamanca y viene al viaje acompañada de su marido, César. Nos hemos visto miles de veces en el zaguán de la biblioteca, puesto que participo en muchas de las actividades que organizan. No obstante, en el viaje nos conocimos mejor, conversamos mucho y nos echamos bastantes risotadas. Pero no haré spoilers. Todavía 😉

Horas antes, en Budia, habíamos conocido a Juan, alcalde de Durón, quien nos señaló el camino hasta la Finca de Gaia. Fue en la comida cuando nos enteramos de que en este pueblo se fabricaba una cerveza artesanal y que el mismo alcalde era quien la producía. Con la curiosidad a flor de piel, aquella noche decidimos probarla en el bar del pueblo. Sentados en la terraza, la temperatura amagaba con darnos un respiro que, sin embargo, no se dejaba notar. Recuerdo de forma nítida que la cerveza glacial nos ayudó a sobrellevar el calor de la Alcarria.

De vuelta en la finca, descubrimos que a Teresa le gusta compartir su conocimiento del entorno. Sentados en círculo junto a la casa, aprovechamos el fresco hasta después de medianoche. Hablamos de mieles y mermeladas naturales y hablamos sobre la comarca, su desconocimiento fuera de Guadalajara y los medios de vida de su gente. Teresa está orgullosa de apoyar a las chicas de Arte en Marcha y nos enseña fotografías de su paso por la Finca en anteriores ediciones del viaje.

Se nos va la hora y el cúmulo de emociones parece tapar el cansancio de una jornada sin tregua. Acordamos la hora del desayuno con Teresa – terriblemente pronto – y nos acostamos sintiendo que nos echamos a dormir en un cuarto con la calefacción encendida. Aun así, caemos rendidos. Fuera, los grillos cantaban a la noche en medio de una viva naturaleza, cubierta por una magnífica bóveda negra donde las estrellas refulgían.

Y aquí os dejo un vídeo resumen de nuestra primera jornada: ¡está genial! Os animo mucho a verlo 🙂 :

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