Tiempo de lectura estimado: 4 minutos

Cinco horas con Mario” es una de esas novelas que ya forman parte indiscutible de las colecciones de clásicos de la literatura. Esta novela de Miguel Delibes llevaba tiempo en las estanterías de mi casa y en su día me decidí a leerla, abandonando por alguna razón después de un tiempo.

Hace unas semanas, tras leer “Decidme cómo es un árbol” de Marcos Ana y “Es un decir” de Jenn Díaz situé mis lecturas en la posguerra y época franquista española. Me llamó la atención que Jenn Díaz utilizase el monólogo en una parte de su novela y, sin poder remediarlo, esto me recordó a “Cinco horas con Mario”, novela que había dejado sin acabar. ¿No fue aquello una señal para darle continuidad y, por fin, terminarla? Así lo interpreté yo y, empujada por el hecho de que se la considera como una obra maestra de Delibes, me decidí a leerla.

Por otro lado, sin ser consciente, estaba leyendo esta novela justo cuando acaba de cumplir 50 años de su publicación. A propósito, la Biblioteca Nacional ha inaugurado hace apenas unos días una exposición dedicada a “Cinco horas con Mario” que estará en Madrid hasta el 2 de mayo. Y, dicho esto, entremos de lleno en la reseña.

Detalles del libro

Título: Cinco Horas con Mario

Autor: Miguel Delibes

Editorial: Destino

Nº de páginas: 336 páginas

ISBN: 9788423342402

Opinión personal de “Cinco horas con Mario”

Miguel Delibes pinta en “Cinco horas con Mario” el retrato de la España de los años 60 en un formato narrativo singular: un monólogo. La obra nos pone en situación muy pronto: nos muestra la esquela de Mario, quien acaba de morir. Entra su mujer Carmen en escena, que está preparan el velatorio en su casa con mucho interés en que todo salga perfecto. Tras una breve introducción, la voz protagonista pasa a Carmen que, en soledad, vela a su marido en la noche previa al entierro.

A partir de este momento, Carmen toma la palabra y se desahoga con un largo monólogo. Todos los capítulos parten de un mismo comienzo: la Biblia. Mario solía leerla y dejó subrayadas citas que dan entrada a cada capítulo y a partir de las cuáles Carmen hila su soliloquio. Delibes utiliza el monólogo como fórmula narrativa, por lo que destaca la ausencia de puntos, algo que acrecienta la sensación de que Carmen habla para sí misma, y ligado a ello, los temas se repiten acompañados de coletillas coloquiales.

Carmen hace un repaso total a la sociedad de los años 60. Delibes dibuja al personaje de Mario a través de la opinión de su mujer: es un intelectual que se siente incomprendido y asfixiado en una sociedad gris en la que Carmen se desenvuelve con soltura. Este choque entre ambas personalidades es el que empuja a Carmen a soltar sin más tapujos todo lo que siente en el momento del velatorio.

El monólogo de Carmen nos permite asomarnos a una sociedad hipócrita, en la que las apariencias son clave y están tejidas en torno a una autoridad incuestionable, al catolicismo de normas rígidas, al abandono de ciertos colectivos (los paletos, los presos, los pobres, las mujeres) y al ansia de ser rico y medrar a cualquier coste. Carmen, criada en una familia franquista adepta al régimen, desprecia a Mario por desviarse de lo establecido y por sus aspiraciones idealistas que de ninguna manera encajan en la sociedad de su tiempo.

Conclusión

¿Lo peor del libro?

Es un libro complicado de leer en el sentido de que, al ser un monólogo, los puntos brillan por su ausencia. La narración es errática y por ello puede hacerse cuesta arriba. Hacia el final, los temas se entrelazan y muchas de las impresiones de Carmen ya las hemos leído anteriormente, por lo que puede llegar a ser repetitivo. Sin duda, es un recurso de Delibes para incidir en el hecho de que es un soliloquio que surge de manera espontánea (aunque en realidad está muy pensado).

¿Lo mejor del libro?

Nada más leer los primeros capítulos acudí a consultar en internet la fecha de publicación: 1966. ¿Cómo fue posible que esta obra superase la criba de la censura? Lo hizo. Me llamó enormemente la atención: es una crítica brutal a la encorsetada sociedad de la España de los años 60, pero hilada de principio a fin con mucha ironía.

Es lo que más me ha gustado: el poder asomarte por una ventanita al pasado. Al mismo tiempo, el lenguaje que utiliza Miguel Delibes es muy familiar y hasta hace sonreír con los giros que tiene Carmen (“¡pedazo adoquín!”, “hijo mío”, “y sanseacabó”, “ji ji y ja ja”, “es como hablarle a una pared”, “hijo de mi alma”…).

¿Lo recomendaría?

La verdad es que me ha resultado una lectura difícil y esto me ha recordado por qué la abandoné antaño, cuando intenté leerlo por primera vez. Como retrato y crítica a esa España es genial, pero no es un libro que enganche y que mantenga al lector en vilo. Recomendaría otros libros de Miguel Delibes mucho antes que este, a pesar de ser uno de los más laureados (“la sombra del ciprés es alargada”, por ejemplo).

Eso sí, a lo mejor la gente que haya vivido esta época tiene un parecer muy distinto al mío. De hecho, me encantaría conocer su opinión y el punto de vista de lectores que sí se han sentido atraídos por esta novela. ¡Os recuerdo que los comentarios están abiertos!

 

Por otro lado, la verdad es que el libro tiene buenas perlas. Destaco este par de extractos porque, por desgracia, no han perdido vigencia:

El que pase hambre hoy es porque le da la real gana, Mario, como lo oyes, porque, lo que yo digo, si tienen hambre, ¿por qué no trabajan? ¿Por qué las chicas no se ponen a servir como Dios manda, di?, ¿por qué?, lo que pasa es que hay mucho vicio, Mario, que hoy todas quieren ser señoritas, y la que no fuma, se pinta las uñas o se pone pantalones, y eso no puede ser, que estas mujeronas están destrozando la vida de familia, así como suena, que yo recuerdo en casa, dos criadas y la señorita para cuatro gatos, y cobrarían dos reales, que no lo discuto, pero ¿para qué necesitaban más?

[…]

Mario, la verdad, que parece como que se fueran a hundir las esferas por pedir una recomendación, cuando en la vida todo son recomendaciones, unos por otros, de siempre, para eso estamos, que estoy harta de oírla a mamá, “el que tiene padrinos se bautiza”, pero contigo no hay normas, ya se sabe, […] que vosotros agarráis la ley cuando os conviene, que no queréis daros cuenta de que la ley la aplican unos hombres y no es la ley, que ni siente ni padece, sino a esos hombres a los que hay que cultivar y bailarles un poquito el agua.”

Miguel Delibes en “Cinco horas con Mario”

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