Macedonia Narrativa

Blog literario y de escritura creativa

Reseña de “El invitado sorpresa” de Grégoire Bouillier

Tiempo de lectura estimado: 4 minutos

Esta novela corta del francés Grégoire Bouillier parte de un inicio sorprendente: el narrador y principal protagonista recibe una llamada de su ex, quien contacta con él años después de dejarle sin explicación alguna, para comunicarle que está invitado al cumpleaños de una amiga como “invitado sorpresa”, apelativo que da nombre al libro. A partir de ese momento comienza el relato de Grégoire con la aparición estrella de la artista francesa Sophie Calle quien lidera este tejemaneje, como ya hizo en uno de los cuentos de “Exploradores del abismo” de Vila-Matas. ¿Casualidad quizá?

Detalles del libro

Portada de "El invitado sorpresa" de Grégoire BouillierTítulo: “El invitado sorpresa”

Autor: Grégoire Bouillier

Nº de páginas: 144 págs.

Editorial: Mondadori

 

 

 

Sinopsis de “El invitado sorpresa” y opinión personal

La novela de Grégoire Bouillier está escrita en primera persona y, una vez más, estamos ante un relato metaliterario en el que la realidad se une a la ficción dando lugar a una pasta literaria en que es difícil separar ambos elementos. Se trata de una novela corta que está narrada en primera persona siguiendo la forma de monólogo interior, de manera que casi se relata toda la historia de un tirón. El protagonista da vueltas y vueltas a cada detalle, desesperado por encontrarle a todo un sentido que le permita seguir adelante con su vida.

Tras la llamada de su ex, accede a formar parte del experimento. Y es que Sophie Calle celebra sus cumpleaños de una manera un tanto especial: invita a tantos amigos como años cumple y uno de ellos, año tras año, debe ser desconocido para ella. Este se convierte por tanto en el “invitado sorpresa”. Ante este experimento artístico, Grégoire accede al plan que le presenta su ex con la principal esperanza de llegar a conocer, por fin, la razón por la que le dejó años antes sin darle explicaciones, aunque ligado a ello está el hecho de que él mismo será parte del arte de Sophie Calle.

Desde el momento de la llamada, la narración entra en una espiral complejísima de pensamientos, no diferente a la que tenemos cada uno de nosotros en nuestra cabeza. El autor trata temas filosóficos entremezclados en medio de estas caóticas divagaciones. Por ejemplo, cuando está pensando en qué regalarle a Sophie Calle, reflexiona acerca de la producción industrial de objetos fruto del capitalismo, criticando el hecho de que cualquier regalo está vacío de esencia hoy en día porque puede producirse en cantidades industriales.

Cada capítulo o parte del relato trae como colofón un recorte de periódico, un fragmento de una obra de arte de Sophie Calle u otra fotografía que enlaza la historia literaria con la realidad, de manera que finalmente el lector no logra aclarar si se trata de una autobiografía o es enteramente ficción disfrazada de realidad.

La historia tiene un desenlace magnífico en el que la literatura entra en la vida de los personajes e influye en su devenir de manera decisiva. Grégoire se termina preguntando “¿acaso no era la literatura quien se invitaba por sorpresa a la historia de los hombres?”.

Conclusión

¿Lo peor del libro?

Diría que lo peor del libro es su tremenda complejidad derivada de la estructura de monólogo interior. La puntuación brilla por su ausencia, así como los diálogos. Al reflejar de manera tan realista el caos que reina en nuestros pensamientos, es complicado seguir el curso de la novela y puede llegar a ser asfixiante en ciertos tramos.

¿Lo mejor del libro?

La historia, sin duda. Es muy original y curiosa, y el desenlace es genial. También tiene una carga filosófica importante, por lo que la narración no es banal aunque lo parezca en cierto modo, sino que el autor hace unas reflexiones interesantes.

¿Lo recomendaría?

¡Difícil decisión! Me ha gustado mucho la historia que cuenta, es sorprendente y muy muy original. Pero la forma en que está escrita hace que sea una novela, aunque corta, muy compleja de leer que puede exasperar a cualquiera con las inmensas parrafadas que no parecen tener fin y que, en voz alta, ahogarían hasta al mejor declamador.

Como muestra, os dejo un par de extractos abajo para que podáis catar la forma de escribir que tiene Grégoire Bouillier, que es un tanto particular.

En este fragmento describe sus sentimientos a la hora de llamar al timbre de la casa donde se celebra el cumpleaños:

“E hice de tripas corazón, como se suele decir, tomé aire profundamente y con un gesto solemne que me hizo sonreír apreté el botón del interfono; pero no sucedió nada, no resonó ningún timbre, mi gesto no halló eco alguno y era como si no hubiese desencadenado nada o ni siquiera hubiese tenido lugar y que sencillamente yo no existiera y durante una fracción de segundo todo se tambaleó ante mis ojos y comenzó a zozobrar, sí, cómo podía seguir reinando el silencio mientras todo en mí clamaba que acababa de realizar un gesto atronador, tenía que haber un error, la realidad no podía distanciarse hasta ese punto de lo que yo sentía ni el mundo llevar la perversión al extremo de convertir en incierto incluso el simple hecho de llamar a un timbre, no podía ser tan diabólico, y llamé de nuevo al interfono esperando con ansia que algo resonara en algún lugar y que alguien lo oyera y me pasó por la cabeza la idea de que un siglo antes nadie habría imaginado que un ser humano llegaría un día a quedar reducido a tan fantasiosa esperanza”.

En este otro texto, habla de la creación literaria y de la relación que ha encontrado entre su propia vida y noticias como el fallecimiento de Michel Leiris o el viaje de la sonda europea Ulises en su periplo hacia el Sol:

“Y por increíble que me parezca a mí mismo, cumplí al mismo tiempo que una pequeña sonda insignificante una lenta y vasta revolución en el espacio que constituía mi propia historia y por primera vez me pareció que me aproximaba con palabras a un sol que podía ser el mío y en aquella época Michel Leiris llevaba once años muerto y hacía más de cincuenta que había escrito que “la actividad literaria, en lo que tiene de específico en tanto que disciplina de espíritu, no puede tener otra justificación que iluminar ciertas cosas para sí al tiempo que las hace comunicables a los demás, y uno de los fines más altos (…) es restituir por medio de las palabras ciertos estados intensos, concretamente experimentados y hechos significantes, expresarlos en palabras” y me dije que todo el mundo debería empezar por ahí.”

Grégoire Bouillier en “El invitado sorpresa”

Y por último, esta es la botella que Grégoire regala a Sophie Calle. Su significado más allá del regalo solo lo sabréis si acabáis leyendo la novela 😉

Botella de vino de "El invitado sorpresa", Grégoire Bouillier y Sophie Calle

 

Artículos relacionados:

¿Quieres compartirlo?Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin

2 Comentarios

  1. Ricky Morales

    22/03/2017 at 16:34

    Definitivamente no. Una novela breve debe tener más ritmo. Una llamada al timbre se convierte en un monólogo interior difícil de digerir. También he de decir que la botella de vino parece valer su peso en oro. Un tesoro líquido. Salud.

    • Beatriz González

      22/03/2017 at 17:35

      Jajaja te entiendo Ricky, ese párrafo me pareció un buen reflejo de lo que es la novela y del estilo que tiene este autor, que es bastante complejo de leer. A mí tampoco me apasionan los monólogos internos de este tipo… estoy de acuerdo contigo en que le restan mucho ritmo a cualquier novela. Y sí, la botella le costó “más del equivalente a un mes de alquiler”. Tremendo el tipo jaja, es una historia muy loca 😛 ¡Gracias por comentar!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *