Tiempo de lectura estimado: 3 minutos

“La persona que fuimos” de Lolita Bosch ha sido la última lectura que hemos acometido en el Club antes del parón de Semana Santa. Se trata de un librito corto de letra gruesa que gira en torno a la ruptura de una relación narrada en primera persona. La historia describe las distintas etapas de esta pareja de una manera muy peculiar. ¡Profundicemos!

Detalles del libro

Portada de "La persona que fuimos" de Lolita BoschTítulo: La persona que fuimos

Autor: Lolita Bosch

Nº de páginas: 112 páginas

Editorial: Literatura Random House

 

 

Sinopsis de “La persona que fuimos” y opinión personal

Al igual que otros libros como “El invitado sorpresa” y “Cinco horas con Mario”, Lolita Bosch utiliza un monólogo interior para contar la historia. Nos situamos dentro de “la persona que fuimos” viviendo la versión femenina de una relación con la que nos podemos sentir identificados desde el primer momento. Tras unos inicios pasionales, la pareja decide probar a vivir juntos un tiempo y, tras esta etapa se encuentran con que “la persona que fuimos” ha desaparecido. Esa pasión ha quedado sepultada por una amistad duradera que busca ansiosamente volver a esos inicios sin éxito.

Todo este torrente de sentimientos viene acompañado por un sentido de la narración muy curiosa: la historia y el ritmo se acompasan: en los primeros momentos de pasión la narración es acelerada, de corrido, mientras que se va ralentizando según surgen los problemas y aparece el desencanto.

El libro de Lolita Bosch está escrito de manera fragmentaria con abundantes saltos en el tiempo. Y es que realmente la narración está volcada en reflejar al máximo cada emoción de la voz principal. Por ello, nos encontramos ante una historia ambigua, en la que no sabemos qué ha llevado a esta pareja a terminar su relación, en la que apenas conocemos datos concretos.

Destaca en el estilo de Bosch la repetición de muletillas y sobre todo el reciclaje de textos de otros autores. En medio de un profundo monólogo interior que apenas deja respirar, la narración se ve interrumpida por poemas y fragmentos de obras de otros autores que por un lado, paran una narración que llega a ser frenética, y por otro, buscan ahondar aún más en esas emociones que describe la protagonista.

Conclusión

¿Lo peor del libro?

Otro monólogo interior… La narración transmite al dedillo qué siente la protagonista pero, como historia, no tenemos hechos concretos que nos acerquen a desentrañar qué ha pasado. Por ello, es fácil perderse: tan pronto estamos viviendo un amor ferviente como una separación traumática y luego de nuevo la pasión y después…

¿Lo mejor del libro?

Consigue transmitir las emociones que describe en el libro con un lenguaje muy natural. En este sentido, no es difícil de entender si no se busca desesperadamente el hilo conductor, que es difuso y no está muy claro. Para mí lo mejor de “La persona que fuimos” es el tema en sí porque pocas novelas entran tan detalladamente en los cambios que vive el amor en una pareja y, por ello, es fácil identificarse con la protagonista.

¿Lo recomendaría?

Sopesando lo que me ha gustado frente a lo que no, creo que no lo recomendaría. Se trata de una lectura para no pensar mucho en la trama y más para dejarse llevar. Normalmente me gusta más la concreción y que realmente cuente una historia con hechos y personajes más que una divagación. Sin embargo, en ciertos casos me gusta el uso del lenguaje y valoro que sea agradable de leer y esté cuidado. En este caso, la autora ha jugado con un lenguaje muy coloquial y con la repetición, algo que no me llega a maravillar.

Por otro lado, los poemas y citas a otros autores, en mi opinión, restan ritmo a la narración pero sí que me han gustado (aunque no entienda muy bien la motivación de la autora para plantarlos en medio).

Os dejo un extracto del libro para que os hagáis una idea del estilo:

“Tenemos formas distintas de entender el amor, me dice. Queremos cosas distintas, me dice. No, le digo, no queremos cosas distintas, le digo, es que tú dejaste de quererme, le digo. Es que te fuiste, me dice. Y no lo puede olvidar, me dice. G no me puede perdonar, piensa. Sigue herido, piensa. Y ambos sabemos, callados, que su herida no sana ahora ni sanará nunca. Ni la nuestra tampoco. No podemos pretender que no pasó nada, me dice. Asúmelo, me dice. Pasó algo, me dice. Pasó el tiempo, le digo. Las cosas cambian, le digo. Algunas no. Y G cree que este es un buen motivo para obligarse a dejar de quererme: algunas cosas no cambian. Y contra eso, ni él ni yo hemos encontrado ningún antídoto. Nada. ¿Qué es lo que necesitas para ser feliz? Le digo. Vivir tranquilo. Y yo pienso que eso no lo sé dar y que él en mí no sabe encontrarlo. ¿Y eres feliz sin mí? Le digo. Estoy tranquilo, me dice. O dice solo tranquilo y además lo dice muy serio. ¿Eres feliz sin mí? Tranquilo. Y yo dudo porque pienso que a lo mejor dice las cosas así de serio porque así debe de estar triste. Pero la verdad es que G ya no quiere ir a Parangaricutirimicuaro conmigo. Y yo tampoco. Y ha tenido que pasar mucho tiempo para que yo logre entender por qué”.

Lolita Bosch en “La persona que fuimos”

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