Tiempo de lectura estimado: 5 minutos

Conocí personalmente a Jenn Díaz en la Biblioteca de la Casa de las Conchas en un acto de hermanamiento entre novelistas portuguesas y españolas. La autora española era Jenn Díaz, una joven escritora con varios libros a sus espaldas entre los que se encuentra “Es un decir”. Leímos fragmentos de sus novelas y a partir de ahí creció mi interés por sus novelas.

Al participar en un Club de Lectura en la biblioteca, nos presentaron la actividad y brevemente a las autoras que iban a acudir a la cita. Ya en otros Clubes habían leído a Jenn Díaz (su otra novela “Madre e hija” en este caso) y la presentaron como toda una revelación: se trataba de una chica joven, de 28 años, que escribía sobre la sociedad española de hace un par o tres de generaciones.

En mi Club de lectura, esto llamó mucho la atención y mis compañeras se admiraron de su capacidad de transportarse a esa época. La breve presentación generó curiosidad en mí y estuve en la mesa redonda y en el posterior desayuno con las autoras el día siguiente. Jenn empezó a estudiar filología pero pronto colgó los apuntes y abrió un blog en el que iba publicando los cuentos que escribía. Este interesante cóctel me llevó a leer “Es un decir” para poder degustar de cerca la narrativa tan alabada de Jenn.

Detalles del libro

Título: Es un decir

Autor: Jenn Díaz

Editorial: Lumen

Nº de páginas: 168

ISBN: 9788426400109

Opinión personal de “Es un decir”

Es un decir” narra la infancia de Mariela, marcada sin remedio por el asesinato de su padre cuando ella tenía 10 años. Es a partir de entonces cuando tiene que madurar a marchas forzadas, aunque siempre viviendo en medio de una gran tela de araña tejida con intrigas familiares, políticas y amorosas. Ante tan complicada situación, Mariela está confusa y va indagando, buscando información que esclarezca medianamente qué es exactamente lo suyo cuando la gente comenta que “bastante tiene con lo suyo”.

La narración está en manos de Mariela, una niña que ni es niña ni es adolescente. Es, en definitiva, una señorita. O eso es lo que se supone que tiene que ser, aunque ella no lo tiene muy claro: “entonces, ¿estaba mi padre dentro de la tumba en la que yo ponía tan mimosa las flores que le compraba a la señora? Le pregunté a mi abuela y me dijo que no sabía, y que además era pequeña para esas preguntas, aunque era mayor para otras y nunca se sabía si se tenía la edad adecuada para lo que una quería hacer”.

Poco a poco por lo poco que puede ir sacando en claro, vamos adentrándonos en las intrigas de una familia con múltiples aristas en la que ningún personaje parece limpio de habladurías. Tras el asesinato del padre, su abuela se muda a vivir con su madre y ella, pero no deja de ser otro foco de intriga que no resulta esclarecedor.

Una parte del viaje lo hacemos al lado de la abuela con un monólogo al estilo “Cinco horas con Mario” de Delibes en el que despeja algunas incógnitas y deja otras veladas. Es Mariela de nuevo, un tiempo más tarde, la que por fin va planteando los enigmas de su familia: la relación de su tío y su madre, la problemática real de su abuela, y tantos otros detalles que no dejan vivir en paz a la pobre Mariela y que le hacen cargar con una pesada cruz heredada que ni vio venir.

Conclusión

¿Lo peor del libro?

Diría que lo peor es el monólogo intermedio que introduce la parte que narra la abuela me da la sensación de que desequilibra el ritmo de la novela. Me gusta la narración de Mariela, por eso no me hizo tanta gracia que de repente apareciese su abuela y cambiara tan drásticamente de registro. Mi impresión es que se trata de un recurso que permite postergar la resolución de los muchos misterios de la familia y alarga la intriga. También es verdad que sin él, la novela quedaría coja ya que el argumento en realidad no resulta ser tan extenso.

Como punto en contra, añadiría el hecho de que el misterio de su padre no queda claramente resuelto, no llegamos a conocer mejor las circunstancias de su asesinato, aunque sospecho que al final no es el dato tras el que va Mariela.

¿Lo mejor del libro?

El manejo de la ironía durante todo el relato es simplemente genial. A través de la joven voz de Mariela que tampoco crece tanto (en años) durante toda la novela, Jenn nos acerca un retrato fidedigno de la sociedad rural cerrada de la posguerra. Es un relato duro, que visto a través de los ojos de una niña lúcida, nos traslada las muchas contradicciones a las que se enfrenta y a la terrible importancia del qué dirán en la época.

He leído en algún comentario del libro que la coletilla “es un decir”, repetida estratégicamente a lo largo de la novela, era un truco literario puesto a calzador. En mi opinión, al estar dosificadas y muy bien elegidos los momentos, no sobra en absoluto y le da un guiño interesante a la narración.

¿Lo recomendaría?

Sí, lo recomendaría, es una novela que está bien pero no llego a considerarla imprescindible o muy recomendable.

Se trata de una novela que no deja buen cuerpo, pues te envuelve con tal fuerza que resulta siendo algo asfixiante para el lector. También es verdad que algunas líneas narrativas quedan abiertas al lector y me han dejado el regusto amargo de no saber muy bien cómo se resuelve aquel nudo de prejuicios y reflexiones. Sin embargo, si quieres adentrarte en los entresijos de la España de la posguerra, es un buen libro para ello.

 

Por último, os dejo un extracto del libro que transmite la madeja que envuelve a la familia de Mariela:

“Mi madre nunca me puso un mocho en las manos, como vi en otras niñas; mi abuela no me enseñó a coser, como vi en otras casas. Todo el mundo supuso que bastante tenía con lo mío- porque, por otra parte, aquello de la muerte de mi padre parecía que sólo me concernía a mí y así me lo hicieron saber, a nadie le preocupó ningún otro familiar, sólo la pobre e indefensa ¡y tan joven! Mariela -, con lo mío, cargándome con una muerte repentina y pesada y una losa y molesta y horrible y yo, tan joven, y mi padre, tan joven, y mi madre siendo viuda tan joven, y todos jóvenes y todo mal. Y yo me preguntaba qué tenía aquello de mío, en qué momento alguien, que no sabía quién, había decidido por mí y por los demás que aquella muerte estaba vinculada sólo a mí y sólo iba a cambiar mi vida, como ya he dicho, corta y flaca, sobre todo flaca.”

Jenn Díaz en “Es un decir”

 

 

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